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Mitos y Leyendas

El coyote y el wasichu (Lakota)

Coyote

Érase una vez un wasichu  (hombre blanco) comerciante que presumía de haber sido capaz de engañar a todos los indios con los que había traficado. Pero un día un anciano lakota le dijo a la puerta de su tienda.

 

- Quizás sea cierto lo que dices. Pero hay alguien a quien no puedes engañar.

- Imposible. No existe nadie que se resista a mi palabra ni a mi ingenio -y soltó una sonora carcajada que atrajo la atención de los que andaban cerca. El anciano no cambió su gesto e insistió indiferente

- Ríes porque no le conoces.

 

El wasichu se sintió ofendido en su orgullo y retó al anciano a que le presentara a tal personaje.

 

- Está bien -contestó el lakota- pero no te extrañe su apariencia. Si así lo deseas, esta misma noche te lo presentaré.

 

El comerciante esperó nervioso, dejando pasar las horas y poco después de la caída del sol se acercó al tipi del anciano. Cuando entró vio con sorpresa que un coyote estaba recostado cerca del anfitrión, mordisqueando un hueso. El wasichu volvió a sonreír y preguntó:

 ¿Es él quien puede superarme a mí en el arte del engaño? -Se puso en jarras y exigió- A ver si es capaz de demostrarlo.

- No pensaba que había venido a demostrar mi ingenio. Tan sólo he aceptado la invitación de mi amigo lakota a comer.

- Lo dices porque eres incapaz de aceptar mi reto.

- Esta bien -contestó el coyote- pero no tengo aquí mi “saco medicina”. Es él el que me da la sabiduría el que agudiza mi ingenio.

- Pues ve a buscarlo -requirió el wasichu-.

- Imposible. Mi refugio está lejos. Tardaría toda la noche en ir a buscarlo. Quizás mañana.

- No, esta misma noche. Te dejo mi caballo para que vayas a buscarlo. Quiero demostraros a todos que soy más inteligente que tú.

 

El coyote se quedó pensando, mientras masticaba con calma un pedazo de carne.

 

- Si me acerco a tu caballo se dará cuenta de mi olor. Sabrá que soy un coyote, se asustará y no dejará que le monte.

- Pues vístete con mi ropa. Así pensará que soy yo.

 

Tras meditarlo unos instantes, el coyote aceptó la propuesta. El wasishu se desprendió de su camisa, sus pantalones y su sombrero y vio desde el tipi partir al coyote a lomos de su caballo.

Tres días estuvo en la tienda esperando el comerciante el regreso del coyote, pero nunca le volvió a ver. Ni a él, ni a su caballo, ni a su ropa.

Coyote en la nieve
Hombre blanco comerciando con un grupo de lakotas. Pintura de Don Oelze

Pintura de Don Oelze